Recuento de daños
Me siento sola.
He pasado los últimos dos años más terribles de mi vida. Sí, los más terribles.
Hace dos años, ya teníamos hecha la ampliación del piso donde vivimos con mi familia, en casa de mis abuelos; las cosas se habían "calmado", pero el daño, el resentimiento, el dolor, estaba ahí.
Al poco tiempo mi perro, mi pequeño, enfermó; lo cuidamos y lo atendimos de la mejor manera que pudimos. Luego yo renuncie al trabajo, un empleo que ya no tenía sentido para mí.
Me pase todo un mes cuidando de él, dándole medicamentos, limpiando cada vez que ensuciaba, haciéndole mimos, quedándome horas y horas a su lado con miedo a que la vida se le escapara en cualquier momento, pero no se fue.
Yo me decidí a dormirlo, ver sufrir a ese ser que te ha acompañado tanto tiempo, duele, duele en el alma. Mi hermano, no lo permitió.
Llego un momento en que se recuperó, pero después de días recayó y más fuerte; podríamos darle tratamiento, pero era solo aplazar el dolor que sentía y sonaba tan egoísta, por lo que, ahora sí, decidimos dormirlo.
Lo sacamos a dar una última vuelta, a que camine y corra todo lo que quiera; jugó como el cachorro que siempre fue para nosotros, hasta lo vimos sonreír. Y ese mismo día, lo ayudamos a partir.
Lloramos, lloramos desconsoladamente por horas, días, semanas y puedo decir que he llorado hasta después de los años. Mi Papo también lloro, y entre lágrimas nos pidió que el día que él partiera, lo enterramos junto a mi pequeño para no sentirse solo.
Después de esto, para diciembre empezaron a complicarse las cosas; nunca pensé que sería mi último cumpleaños a lado de mi abuelo.
Nos enteramos que mi tío tenía cancer, y mi abuelo empezó a tener caídas; para comienzos de febrero, mi abuelo ya no caminaba, fue difícil para él aceptar lo que pasaba.
Sentí las horas como días, los meses como años; no había día que durmiera temprano, antes de ello, estaba ayudar para acostarlo. Y a pesar de que uno se hace la idea de que la persona que amas pronto se ira, realmente nunca te preparas para ello.
En julio se fue. Aceptarlo ha sido lo más difícil que he tenido que hacer hasta estos días.
Luego de ello vino la depresión; la falta de una buena alimentación, de horas de sueño, de toda la tensión, de la misma situación familiar y los problemas de pareja...Pasaron factura.
Estuve a punto de morir de un paro respiratorio; llegue a tiempo al hospital ese día después de haberme pasado de hospital en hospital durante la semana: nebulizaciones, corticoides, hasta adrenalina, para evitar algo mayor.
Sollozaba todos los días, todas las noches de desesperación, de angustia; al regresar mi abuelo no estaría ahí para abrazarme, para decirme que tuvo miedo pero que todo estaba bien, para decirme que me quería y que era su novicia rebelde. No tendría su bienvenida.
Me costo recuperarme, y nada volvió a ser lo mismo.
Pasé el cumpleaños, la navidad y el año nuevo más horribles de mi vida.
Y ahora estoy aquí, tratando de sobrellevar lo mejor que puedo una cuarentena, un aislamiento de todo, algo para lo cual no hay un manual ni una clase en la escuela; tratando de sobrellevar la relación con la familia cuando es tan difícil porque las heridas quedan cuando nadie habla y pide disculpas y solo voltea la página, porque es aún más difícil cuando crean nuevas heridas; tratando de sobrellevar la relación de pareja, porque en este sube y baja que es mi estado emocional, cuesta mucho más que lo normal. Estoy tratrando de no caer en locura.
Y todos los días tengo la misma incongnita:
¿Cuándo pasara todo esto?
He pasado los últimos dos años más terribles de mi vida. Sí, los más terribles.
Hace dos años, ya teníamos hecha la ampliación del piso donde vivimos con mi familia, en casa de mis abuelos; las cosas se habían "calmado", pero el daño, el resentimiento, el dolor, estaba ahí.
Al poco tiempo mi perro, mi pequeño, enfermó; lo cuidamos y lo atendimos de la mejor manera que pudimos. Luego yo renuncie al trabajo, un empleo que ya no tenía sentido para mí.
Me pase todo un mes cuidando de él, dándole medicamentos, limpiando cada vez que ensuciaba, haciéndole mimos, quedándome horas y horas a su lado con miedo a que la vida se le escapara en cualquier momento, pero no se fue.
Yo me decidí a dormirlo, ver sufrir a ese ser que te ha acompañado tanto tiempo, duele, duele en el alma. Mi hermano, no lo permitió.
Llego un momento en que se recuperó, pero después de días recayó y más fuerte; podríamos darle tratamiento, pero era solo aplazar el dolor que sentía y sonaba tan egoísta, por lo que, ahora sí, decidimos dormirlo.
Lo sacamos a dar una última vuelta, a que camine y corra todo lo que quiera; jugó como el cachorro que siempre fue para nosotros, hasta lo vimos sonreír. Y ese mismo día, lo ayudamos a partir.
Lloramos, lloramos desconsoladamente por horas, días, semanas y puedo decir que he llorado hasta después de los años. Mi Papo también lloro, y entre lágrimas nos pidió que el día que él partiera, lo enterramos junto a mi pequeño para no sentirse solo.
Después de esto, para diciembre empezaron a complicarse las cosas; nunca pensé que sería mi último cumpleaños a lado de mi abuelo.
Nos enteramos que mi tío tenía cancer, y mi abuelo empezó a tener caídas; para comienzos de febrero, mi abuelo ya no caminaba, fue difícil para él aceptar lo que pasaba.
Sentí las horas como días, los meses como años; no había día que durmiera temprano, antes de ello, estaba ayudar para acostarlo. Y a pesar de que uno se hace la idea de que la persona que amas pronto se ira, realmente nunca te preparas para ello.
En julio se fue. Aceptarlo ha sido lo más difícil que he tenido que hacer hasta estos días.
Luego de ello vino la depresión; la falta de una buena alimentación, de horas de sueño, de toda la tensión, de la misma situación familiar y los problemas de pareja...Pasaron factura.
Estuve a punto de morir de un paro respiratorio; llegue a tiempo al hospital ese día después de haberme pasado de hospital en hospital durante la semana: nebulizaciones, corticoides, hasta adrenalina, para evitar algo mayor.
Sollozaba todos los días, todas las noches de desesperación, de angustia; al regresar mi abuelo no estaría ahí para abrazarme, para decirme que tuvo miedo pero que todo estaba bien, para decirme que me quería y que era su novicia rebelde. No tendría su bienvenida.
Me costo recuperarme, y nada volvió a ser lo mismo.
Pasé el cumpleaños, la navidad y el año nuevo más horribles de mi vida.
Y ahora estoy aquí, tratando de sobrellevar lo mejor que puedo una cuarentena, un aislamiento de todo, algo para lo cual no hay un manual ni una clase en la escuela; tratando de sobrellevar la relación con la familia cuando es tan difícil porque las heridas quedan cuando nadie habla y pide disculpas y solo voltea la página, porque es aún más difícil cuando crean nuevas heridas; tratando de sobrellevar la relación de pareja, porque en este sube y baja que es mi estado emocional, cuesta mucho más que lo normal. Estoy tratrando de no caer en locura.
Y todos los días tengo la misma incongnita:
¿Cuándo pasara todo esto?
Comentarios
Publicar un comentario