Lluvia

Desesperación total.

Caen sobre mi rostro, ellas siempre heladas. Son acompañadas por él como si fuera una danza. Una danza invisible para todo ser superfluo que no se detiene a observarlos.

Tan frías, tan cálidas a la vez. Ellas mojan. Él, danzante, arregla el desastre que dejan a su paso.
Tan juguetonas, tan invisibles ante mis ojos. Y tan cristalinas.

Toman el color de la noche, cualquier color que delante de ellas esté.

Me siento tranquila, sofocan mis ganas de gritar, mi desesperación. Y, sin quererlo provocan en mí el olvido de todas aquellas cosas que retumban en mi cabeza.

Se desvanecen, las extraño pequeñas chiquillas traviesas. Las extraño.

Como me divierte que mojen mi rostro.

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